#diariodeunamamáemrpendedora

Cuando tienes hijos pequeños, la demanda es increíble. Las victorias van siendo diarias y pequeñas. En realidad, lo que la maternidad nos exige es paciencia, mucha paciencia porque todo pasará pronto. Más rápido de lo que imaginamos. A penas recuerdo cuando mi hija no podía caminar, cuando no podía sostener su cabecita y yo la ayudaba. También parece tan lejano cuando sólo comía leche materna. Pero recuerdo que eran días de dolor, sufrimiento y otros tantos de felicidad y practicidad. Ahora veo los beneficios que tuvo la lactancia, y además, lo fácil que era calmar todas sus demandas con sólo levantarme la blusa y darle pecho. Ahora tengo que estar al pendiente de todas sus comidas a lo largo del día, pero también es una maravilla que pueda ya caminar, sostenerse, correr y jugar con otros niños. Y todo esto me hace darme cuenta que cada etapa es un reto. Que cada momento es un nuevo desafío, porque nunca dejo de aprender cómo ser mamá de la misma niña, pero en diferentes etapas. Ella va descubriendo el mundo, va siendo una niña cada vez más independiente, va buscando nuevos aprendizajes y también, algunos con caídas. Y sin embargo, sólo sé que cada etapa, por más desafiante que es, es maravillosa también.

Sin embargo, esa es sólo una parte de mi vida, la otra, está llena de mis actividades, y he aprendido que una no puede dejar de ser mamá sólo porque nos ocupamos de trabajar, tampoco podemos dejar de ser mujeres, sólo porque nos volvemos mamás. He aquí el dilema constante de todas las mamás, porque en algún momento de nuestra maternidad vivimos la falta de conciliación de alguna de las partes. Nos toca dejar llorando a nuestros hijos porque no podemos llevarlos a algún lado, o nos toca renunciar a alguna actividad nuestra para no dejarlos llorar. Y nos toca, que a pesar de todas las cosas que hacemos por ellos, enfrentarnos a sus propios deseos y sus propias necesidades. Lidiar con los berrinches mientras tienes una llamada, o atender su hambre mientras toca estar contestando correos o preparando cotizaciones. Y parece que la única respuesta a todo es: paciencia.

Porque todo pronto pasará, ellos crecerán. ¿Y mientras? Nos toca ir aprendiendo, ir resolviendo, ir atendiendo los nuevos desafíos. Y en el tiempo que llevo maternando y emprendiendo (y ahora más en pandemia) me queda claro que la comunidad es lo que nos mantiene a salvo de la locura. El tener con quien compartir las experiencias y que sabemos que los está logrando con el mismo nivel de dificultad nos hace sentirnos menos solas. Maternar y emprender a veces pareciera ser la única solución que tenemos ante nuestra ideología, sin embargo, nos topamos con que no hay salida fácil, más que la que nos diga nuestra intuición. Porque no hay respuestas correctas, ya que tanto cada hijo como cada mamá somos diferentes, completamente y no es necesario buscar encajar en ningún molde.

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